Siempre me he preguntado ¿cómo es que inicia un linchamiento? La respuesta suele ser más sencilla de lo que parece; se levanta un improvisado líder y persuade a la gente a tomar acciones. En mi vida había presenciado este tipo de prácticas, hasta ayer. Fui testigo de cómo una violenta masa se abalanzó contra una niña. Ella no robó, no asesinó a nadie, su error fue publicar a los cuatro vientos un acontecimiento importante en su vida. Y vaya que lo es, ya que se trata de una experiencia sin igual.
Fui testigo de cómo personas que defienden los derechos de la mujer, no cesaban de reír a carcajadas del yerro ajeno. Fui testigo, cómo personas que se jactan de repudiar las corridas de toros, lanzaron saetas de burla. Fui testigo de cómo decenas de mujeres, la trataban con los más soeces apelativos. Fue testigo de cómo madres, hermanas, hijas, novias y esposas no la defendieron sino se sumaron a la ola de ataque.
Fui testigo de dos grupos, uno entorpecido por su comportamiento en la masa, influenciado por un efecto viral de intolerancia, que sacaba a relucir lo más bajo de la conducta humana. Por otro lado, un grupo que con chismes, y con un alto grado de hipocresía aportaban a los dimes y diretes, saciaban las dudas de quienes se agregarían a la humillación pública de una chica.
Se sintieron empoderados, se sintieron con autoridad de señalar el error, se sintieron parte de la masa, esa misma masa que nos entorpece y seduce nuestro entendimiento. Fieras al descubierto, chacales que hicieron trizas a su presa.
En una apartada esquina se levantaba un pequeño conglomerado que buscaba ayudar, los cuales fueron calificados de moralistas, religiosos y fanáticos. Esta última palabra fue la que más llamó mi atención "fanáticos". Porque vi a cientos de personas actuar con fanatismo, su máximo afán era destruir la reputación de una desconocida.
Me entristeció ver a personas que respeto y admiro, ser parte del circo romano, se transformaron en monstruos insaciables. Hoy, aún recuerdan lo ocurrido y aflora una carcajada. Hoy, fueron a su lugar de trabajo a "comunicar" lo que aconteció. Hoy, sigue la mofa en medios sociales. Hoy, es posible que algunos no revisarán su cuenta en Twitter. Muy pronto el tema quedará atrás y lo olvidarán. Pero ¿quién se hará responsable del daño provocado? las manos que lanzaron piedras ahora lucen escondidas e interactúan como si nada hubiese pasado.
Hoy, Mely no es la misma niña de ayer. Todo cambio en algunas horas. Su único alimento es el llanto y el dolor, provocado por gente de su país, de su circulo, de su lugar de estudios, por aquellos que se hacían llamar amigos y resultaron ser peor que el más terrible de los contendientes.
Me indignó ver cómo la doble moral hizo una entrada triunfal en el Timeline. Aquellos que condenaron los hechos de violación en la Calzada Roosevelt, violaron la privacidad de una adolescente. Quedó comprobado que el ser humano puede hacer tanto daño como le sea posible y que el hambre de morbo es una pandemia que ronda nuestro entorno.
Espero que esto no se vuelva a repetir.
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