
Caminando por una pequeña cuesta, saludo agitando la mano a un perro. Cada día lo veo allí amarrado con un lazo al cuello, el nudo no tan fuerte evitando que se ahorque con el movimiento y tampoco flojo para escaparse, con una miraba entusiasta pese a su situación. La primera vez -recuerdo bien- ladró cuando silbé a manera de saludo, repetí esta acción por varias semanas, luego con el andar del tiempo noté que me reconocía, agitaba su cola como diciendo ¡yo te conozco!.
Con escaso pelo en la cara y gran parte del cuerpo, su piel en un tono café me decía sin palabra: "estoy enfermo". Pintides o empeine sería el diagnóstico del veterinario, aunque él sufre por algo más fácil de pronunciar "jiote".
Una anciana deja en un recipiente plástico comida para el amarrado amigo, frota su cabeza con cariño y lo abraza. Me conmueve presenciar tal escena de amor mientras veo como cada día este perro deja de ser "jiotoso". Pelo entre café y dorado está creciendo y aquellos impactantes ojos pardos nunca dejaron de brillar.
Imagen tomada de acá





1 comentarios:
Los perros son especiales, muy muy especiales. Tienen un entusiasmo bárbaro, no importa la situación.
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